La asistencia complementaria permanece congelada desde hace 29 meses y crecen las críticas por la pérdida de poder adquisitivo.
El escenario económico continúa golpeando con fuerza a los sectores de ingresos fijos y uno de los más afectados es el de los jubilados. A pesar de la persistencia inflacionaria, el bono extraordinario que reciben quienes cobran la jubilación mínima permanece sin aumentos y sigue fijado en 70 mil pesos.
La ayuda económica había sido creada para reforzar los haberes más bajos, pero con el paso del tiempo y el incremento sostenido de precios, su capacidad de cobertura se redujo considerablemente. El congelamiento del monto genera preocupación entre especialistas y entidades vinculadas a la defensa de adultos mayores.
En la actualidad, el adicional representa una porción clave del ingreso mensual de millones de beneficiarios del sistema previsional. Sin embargo, la aceleración del costo de vida dejó al bono muy por debajo de los gastos reales que afrontan los jubilados.
Entre los rubros que más afectan a este sector aparecen los medicamentos, alimentos y servicios esenciales. Distintos informes económicos indican que los incrementos acumulados en estos productos superaron ampliamente el valor del refuerzo otorgado por el Estado.
La administración nacional mantiene la decisión de no modificar el monto en el marco de su política de ajuste fiscal. Desde el Gobierno argumentan que el objetivo es ordenar las cuentas públicas y reducir el déficit, aunque las críticas se multiplican por el impacto social de esa medida.
En distintos puntos del país continúan realizándose reclamos y manifestaciones impulsadas por agrupaciones de jubilados, que exigen una actualización urgente tanto del bono como de los haberes previsionales.
El debate sobre la situación previsional volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública debido al deterioro sostenido del ingreso de los adultos mayores y las dificultades crecientes para afrontar gastos básicos en un contexto económico complejo.