A días de cumplir 81 años, el líder del PT obtuvo el 51,76% de los votos y logró lo que nadie había conseguido desde el regreso de la democracia en 1985: ganar la Presidencia tras haber quedado segundo en la primera vuelta.
La política brasileña escribió este domingo un capítulo sin precedentes. Luiz Inácio Lula da Silva se impuso en el balotaje presidencial y se convirtió en el primer mandatario en la historia del gigante sudamericano en acceder a cuatro períodos no consecutivos al frente del Palacio del Planalto.
Con el 99,9% de los votos escrutados, el actual jefe de Estado, referente del Partido de los Trabajadores (PT), cosechó el 51,76% de los sufragios válidos, mientras que su adversario, el senador del Partido Liberal (PL) Flávio Bolsonaro, alcanzó el 48,24%. La diferencia, ajustada pero definitiva, confirmó la continuidad del proyecto oficialista por otros cuatro años.
El desenlace cobra mayor relevancia por el punto de partida. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había terminado al frente con 47,03%, por encima del 45,16% de Lula. Desde el retorno de las elecciones directas en 1989, siempre había ganado quien encabezaba la ronda inicial. Esa regla se rompió este 26 de octubre.
Se trata de un hecho inédito desde el regreso de Brasil a la democracia en 1985: por primera vez un postulante que fue segundo en la primera instancia logra dar vuelta la elección en el balotaje. Será, además, la séptima contienda presidencial que disputa Lula, quien ahora iniciará su segundo ciclo consecutivo y su cuarta gestión al frente del país.
La jornada estuvo lejos de ser una votación tranquila. Ante demoras y filas persistentes en varios centros, y frente a solicitudes de ambas fuerzas para ampliar el horario, el magistrado del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin ordenó que los locales donde aún hubiera electores continuaran abiertos hasta las 19. La medida obligó al Tribunal Superior Electoral a demorar la publicación de los cómputos parciales hasta finalizar el proceso.
Desde su búnker en San Pablo, el presidente reelecto reivindicó el resultado en clave de autonomía y defensa institucional. Afirmó que Brasil no acepta ser patio de nadie y que debe dejar de ser visto como periferia para ocupar un rol central. También destacó la movilización ciudadana, al señalar que millones acudieron a las urnas tras entender el peso de la elección para la democracia.
El tramo final de la campaña estuvo marcado por un fuerte paquete de anuncios sociales con el que el oficialismo buscó recuperar terreno. Entre las medidas se destacaron la reducción de la semana laboral de 44 a 40 horas semanales sin recorte salarial, aprobada por el Congreso diez días antes del balotaje, y un incremento del 15% en el programa Bolsa Família, que alcanza a casi 50 millones de personas.
A ese esquema se sumaron líneas de crédito público a tasa subsidiada, incentivos tributarios para micro y pequeñas empresas, un programa de refinanciación de deudas para familias de bajos ingresos, la eliminación temporal de impuestos federales a la nafta y subsidios al diésel, y el envío al Congreso de un proyecto para garantizar transporte público gratuito los fines de semana. El Ejecutivo también impulsó iniciativas para regular las apuestas deportivas en línea y los casinos virtuales.
Con este triunfo, Lula no solo prolonga la permanencia del PT en el gobierno, sino que consolida un liderazgo histórico en América Latina. Mientras tanto, el senador Bolsonaro cuestionó la extensión horaria dispuesta por la Justicia y anticipó que solicitará la anulación del proceso, según consignaron agencias internacionales, en un cierre que mantiene en vilo el clima político brasileño de cara a la transición.