Las tensiones entre el oficialismo libertario y sus principales aliados comienzan a hacerse visibles y abren interrogantes sobre la reconfiguración del mapa opositor. Las recientes declaraciones de Patricia Bullrich, sumadas a los movimientos de Mauricio Macri y las dudas que emergen dentro del PRO, alimentan las versiones sobre una posible fractura en la alianza táctica que sostuvo a Javier Milei desde su llegada al poder.
De la Redacción del Nacional de Matanza
La política argentina volvió a moverse.Y esta vez las señales llegan desde el propio oficialismo libertario y desde el corazón del PRO.
Las recientes declaraciones de Patricia Bullrich dejaron mucho más que una simple diferencia interna: fueron un mensaje político. Y el destinatario parece claro: Karina Milei.
Mientras el Gobierno intenta ordenar candidaturas y disciplinar aliados, Bullrich comenzó a marcar distancia, especialmente en torno a la figura de Manuel Adorni y al armado electoral libertario en la Ciudad de Buenos Aires.
En paralelo, crecen las versiones sobre un posible reencuentro político con Mauricio Macri, en el marco de una estrategia compartida para defender el bastión porteño.
El esquema que empieza a delinearse muestra dos escenarios distintos:la provincia de Buenos Aires podría quedar más alineada con acuerdos entre La Libertad Avanza y sectores del PRO, mientras que la Ciudad se perfila como territorio de disputa y eventual reagrupamiento macrista.
Incluso ya circulan especulaciones sobre una eventual candidatura de Jorge Macri, e incluso del propio Mauricio Macri, como forma de reafirmar liderazgo en el distrito.
En ese contexto aparece otro dato relevante: Diego Santilli también podría tomar distancia del armado libertario si interpreta que el acuerdo con el oficialismo implica la absorción del PRO, en lugar de una integración política equilibrada.
La pregunta, entonces, empieza a tomar fuerza:
¿Estamos frente al inicio de una ruptura entre el macrismo tradicional y el núcleo duro que responde a Karina Milei?
Porque una cosa fue acompañar a Javier Milei para derrotar al kirchnerismo.Otra muy distinta sería aceptar la dilución política del PRO.
Bullrich parece haber tomado nota de esa diferencia.
Por eso sus últimas intervenciones ya no suenan únicamente como las de una ministra. Empiezan a leerse como las de una dirigente que vuelve a pensar en términos de construcción propia.
El problema para el oficialismo es que la tensión dejó de ser subterránea.
Karina Milei busca centralizar el poder político y electoral bajo la lógica de La Libertad Avanza. Sin embargo, dentro del PRO crece la sensación de haber quedado relegados a un rol secundario.
Ahí emerge una contradicción de fondo:
Mientras Javier Milei necesita ampliar su base de sustentación política para garantizar gobernabilidad, el karinismo parece inclinarse por un esquema de control cerrado del espacio.
Eso genera ruido.Y también incertidumbre.
Porque si Bullrich concreta su regreso al PRO, si Macri recompone liderazgo en la Ciudad y si Santilli empieza a despegarse, el oficialismo podría enfrentar un escenario inesperado: una fragmentación de la derecha no peronista justo cuando parecía encaminada hacia su consolidación.
Desde el peronismo observan esta disputa con atención. Y harían mal en subestimarla.
Estas tensiones podrían definir el nuevo mapa político argentino y determinar quién conducirá, en los próximos años, el espacio opositor al kirchnerismo.
¿Javier Milei?¿Karina Milei?¿Mauricio Macri?¿O una nueva alianza todavía en construcción?
La interna recién empieza.Y esta vez, ya no parece silenciosa.