La caída del poder adquisitivo y el aumento del endeudamiento familiar profundizan el retroceso de las ventas en distintos rubros esenciales.

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El consumo masivo en la Argentina volvió a registrar números negativos y encadenó cinco meses consecutivos de retroceso, en un escenario marcado por salarios deteriorados, menor capacidad de compra y un creciente nivel de endeudamiento de los hogares. Supermercados, autoservicios, mayoristas y farmacias aparecen entre los sectores más afectados por la baja en las ventas.

De acuerdo con distintos informes privados, las compras de productos esenciales continúan debilitándose incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria. Las familias priorizan gastos básicos y reducen consumos considerados secundarios, una situación que impacta directamente en alimentos, artículos de higiene, bebidas y productos de cuidado personal.

Datos recientes de la consultora Scentia reflejaron una caída interanual del 3,8% en abril de 2026 dentro del consumo masivo, mientras que el acumulado del primer cuatrimestre también cerró en terreno negativo. Los supermercados y mayoristas fueron algunos de los canales más golpeados por la retracción.

En paralelo, distintos comercios advierten que el cambio de hábitos hacia las compras online todavía no alcanza para compensar el desplome de las ventas presenciales. Si bien el comercio electrónico mantiene un crecimiento sostenido, especialistas sostienen que el volumen total de operaciones digitales sigue representando una porción reducida frente al conjunto del mercado tradicional.

Dentro del sector farmacéutico, el escenario también genera preocupación. Aunque algunos segmentos vinculados a medicamentos esenciales mantienen cierta estabilidad, se registra una disminución en productos de perfumería, cosmética y cuidado personal, considerados consumos postergables por gran parte de la población.

Economistas señalan que el fenómeno responde principalmente a la pérdida de poder adquisitivo acumulada durante los últimos meses. A esto se suma el uso cada vez más frecuente de tarjetas de crédito y financiamiento para cubrir gastos corrientes, algo que incrementa la presión sobre los ingresos familiares.

En supermercados y almacenes de cercanía también se observa una modificación en los hábitos de compra. Los consumidores optan por segundas marcas, reducen cantidades y priorizan promociones o descuentos específicos. Comerciantes aseguran que muchas personas compran únicamente lo indispensable para el día a día.

Otro dato que preocupa al sector es la caída en categorías históricamente estables, como lácteos, bebidas y productos de limpieza. Según relevamientos privados, varias de estas áreas registraron bajas de dos dígitos durante los primeros meses del año.

Mientras tanto, desde distintos sectores comerciales advierten que la recuperación todavía luce lejana. Aunque el Gobierno sostiene que existe una transformación en las formas de consumo y una migración hacia plataformas digitales, empresarios y consultores coinciden en que el deterioro del ingreso continúa siendo el principal factor detrás del desplome de las ventas.

La preocupación crece especialmente entre pequeños y medianos comercios, que enfrentan aumentos de costos operativos, caída de la facturación y dificultades para sostener la actividad. En varias provincias ya se registran cierres de locales y reducción de personal en distintos rubros vinculados al consumo cotidiano.

Con un escenario económico aún inestable y salarios que no logran recuperar terreno frente al costo de vida, el comportamiento del consumo seguirá siendo uno de los principales indicadores para medir el impacto real de la situación económica en los hogares argentinos.

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