Si alguna vez caminaste por los bosques de Pinamar, te cuento que no siempre estuvieron ahí. Los plantaron a mano, uno por uno, en lo que era un campo de dunas en movimiento permanente. Sin árboles, no hay Pinamar. Literalmente. 

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El vivero original sigue ahí y si te tomás cualquiera de los micros a Pinamar podés visitarlo en avenida Enrique Shaw y boulevard Ameghino, en Pinamar Norte. Tiene tres hectáreas y produce los mismos pinos que sostienen el bosque de la ciudad.

La historia es así, a fines de los años 30, el arquitecto Jorge Bunge se asoció con Valeria Guerrero y fundaron Pinamar S.A. El problema era uno solo pero enorme: las dunas no se quedaban quietas. El viento las movía, las corría, las apilaba. Construir sobre eso era una locura. La solución que Bunge trajo de Europa fue plantar pinos para fijar la arena. 

Lo primero que hicieron fue plantar el espartillo. Es un pasto duro que formaba lo que en ese entonces llamaban «la pradera». Después vino la forestación. Plantaron pinos marítimos, eucaliptos, acacias, aromos. Para eso montaron un vivero en 1941, con 50 peones al principio y 80 después. Una operación de guerra contra el viento.

El 14 de febrero de 1943, Pinamar se inauguró como balneario. Ese día había un galpón, una oficina de administración, un hotel en construcción y una casita de madera donde vivían los encargados del vivero. Ninguna casa vendida todavía. Pero los pinos ya crecían. Desde entonces, Pinamar S.A. plantó más de 6 millones de árboles. Hoy siembran unos 50 mil por año, entre julio y agosto, que es cuando el pino sufre menos el trasplante.

El vivero original recibe visitas guiadas los viernes, tiene una escultura de Donjo León en el predio —ganadora de un concurso de la Fundación ArteBA— y desde 2025 tiene adentro el café Fábula, un espacio con estructura de invernadero, paredes de vidrio y mesas rodeadas de pinos que ya en pocos días de apertura se convirtió en uno de los puntos más convocantes de la zona norte. 

Pinamar no fue diseñada a pesar de las dunas, sino con ellas. Bunge trazó las calles siguiendo las curvas y ondulaciones naturales del terreno, en lugar de aplanarlas. Por eso las calles de Pinamar no son rectas. 

Esta ciudad es una de las más visitadas y atractivas del partido de La Costa. Pero como ves, es mucho más que un lugar atractivo por su playa y actividades de temporada. Pinamar es interesante en su historia y planificación y guarda en las ondulaciones de sus calles el origen de la ciudad.

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