En el Día de la Industria Textil, el referente gremial de La Matanza Mario Ortiz describió un escenario crítico para el sector. Con suspensiones, salarios recortados y fábricas al límite, el rubro atraviesa uno de sus peores momentos en 81 años de historia.

En una fecha que históricamente se celebra, el sector textil transita un presente marcado por la incertidumbre. Al conmemorarse 81 años del Día de la Industria Textil, el dirigente de La Matanza Mario Ortiz trazó un diagnóstico alarmante sobre la realidad que viven las plantas y los operarios del distrito y del país.

El referente sindical calificó la jornada como un aniversario doloroso para los trabajadores del rubro. Según detalló, el panorama actual combina retroceso productivo, pérdida de puestos, interrupciones en la actividad y serias dificultades para percibir los haberes en tiempo y forma. El avance de productos importados, advirtió, pone en riesgo la continuidad de numerosas empresas nacionales.

En el plano local, Ortiz explicó que por el momento La Matanza no registra cierres definitivos de establecimientos, pero sí un esquema extendido de suspensiones. Citó como caso emblemático el de la firma Lynsa, donde parte del personal dejó de asistir dos días a la semana y recibe solo un porcentaje del jornal por esas jornadas. Para el dirigente, esa modalidad agrava una economía familiar ya golpeada, sobre todo para quienes sostienen ingresos muy por debajo de la canasta básica.

Los números del sector a nivel nacional confirman la magnitud de la crisis. De acuerdo con el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad textil acumuló una caída del 22,6% entre enero y julio de 2026 respecto al mismo período de 2025, mientras que en julio el retroceso interanual fue del 13%. El relevamiento indica además que desde diciembre de 2023 se destruyeron 28.322 puestos de trabajo formales en la cadena textil y de confecciones, y que en el último año cerraron más de 500 establecimientos.

Otro dato que expone el parate es el nivel de uso de la capacidad instalada. En julio, las plantas operaron apenas al 45,3% de su potencial, casi 13 puntos por debajo del promedio general de la industria, que se ubicó en 58,2%.

En ese contexto, el dirigente matancero proyectó que el impacto total sobre el empleo en toda la cadena podría ubicarse entre 30.000 y 40.000 trabajadores, lo que genera alarma en los sindicatos industriales.

Ortiz también puso el foco en una consecuencia menos visible pero igualmente grave: la crisis del sistema de salud sindical. Señaló que los aportes se reducen mes a mes, mientras los costos de medicamentos, intervenciones y estudios de alta complejidad se dispararon. Esa ecuación, sostuvo, dificulta garantizar tratamientos para afiliados con patologías graves y convierte la cobertura en una pulseada cotidiana.

De cara a lo que resta del año, el referente admitió que no hay señales de recuperación y cuestionó el rumbo económico adoptado por el Gobierno nacional. Definió el momento actual como extremadamente difícil y aseguró que, pese al desgaste, el gremio continuará en pie defendiendo a los operarios que, aun con salarios muy deteriorados, sostienen la producción en las fábricas que siguen activas.