A 44 años de la guerra, la periodista y vecina de La Matanza recorrió las Islas Malvinas junto a excombatientes. Su testimonio revela un territorio atravesado por la vigilancia militar, el avance turístico y un relato histórico en disputa.

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A más de cuatro décadas del conflicto del Atlántico Sur, la historia de Daysi Rendo Gadea, vecina de Ciudad Evita, en el partido bonaerense de La Matanza, aporta una mirada profundamente humana sobre las Islas Malvinas. Su viaje, realizado en febrero de 2026, no fue turístico ni casual: respondió a una necesidad personal de reconstruir memoria y cerrar una herida ligada a su historia de vida.

Su esposo, Carlos “Cacho” María Vergara Ruzo, integró el Escuadrón Fénix durante la guerra de 1982, una unidad civil que colaboró con la Fuerza Aérea Argentina en tareas logísticas y de riesgo. Durante años, ese vínculo marcó su relación con el conflicto. Por eso, cuando sintió que el tiempo apremiaba, decidió emprender una travesía cargada de significado.

Daysi Rendo Gadea en el Cementerio de Darwin en las Islas Malvinas.

El acceso a las islas sigue siendo limitado. Actualmente, existe un solo vuelo mensual habilitado para argentinos, operado por LATAM, que conecta Santiago de Chile, Punta Arenas y Río Gallegos antes de aterrizar en la base de Mount Pleasant. Se trata de una ruta establecida tras acuerdos diplomáticos, con estrictos controles y cupos reducidos.

El costo del viaje supera ampliamente el promedio de los vuelos regionales, con tarifas que rondan el medio millón de pesos argentinos solo de ida, lo que convierte a la experiencia en un desafío económico considerable.

Daysi no viajó sola. Lo hizo junto a dos veteranos de guerra, Héctor Tessey y Juan Carlos Yorio, quienes le aportaron una dimensión distinta al recorrido: la del conocimiento directo del terreno y la memoria viva del combate.

El primer contacto con las islas fue tan impactante como inesperado. En pleno verano austral, el clima resultó hostil: temperaturas bajo cero, viento intenso y condiciones extremas que contrastan con la idea convencional de la estación.

Lejos de cualquier circuito turístico tradicional, el grupo recorrió antiguos campos de batalla. Allí, la huella de la guerra permanece visible: cráteres de bombas donde aún no crece vegetación, restos materiales y estructuras improvisadas que resisten el paso del tiempo.

Uno de los aspectos más conmovedores fue la toma de conciencia sobre las condiciones en las que combatieron los soldados argentinos. Los llamados “pozos de zorro”, cavidades utilizadas como refugio, siguen inundados y evidencian la crudeza del escenario en el que miles de jóvenes resistieron durante semanas.

Entre los momentos más intensos del viaje, se destaca el episodio protagonizado por uno de los excombatientes. Desorientado por los cambios en el terreno, logró ubicar el sitio exacto donde había estado su posición durante la guerra.

Allí, casi como un hecho inexplicable, encontró una manta que había utilizado en 1982. El hallazgo generó una reacción emocional profunda en todo el grupo, que vivió una escena de llanto y conmoción. Para Daysi, fue uno de los instantes más significativos de toda la experiencia.

Uno de los aspectos que más sorprendió a la periodista fue el fuerte control militar en las islas. A pesar de la cordialidad formal de los habitantes, percibió un clima de vigilancia permanente.

Las restricciones son claras: no se permite exhibir símbolos argentinos en espacios públicos, existen limitaciones para el accionar de visitantes y los movimientos suelen estar supervisados. Incluso en zonas alejadas, el grupo fue seguido por vehículos militares.

La presencia de la base de Mount Pleasant, considerada una de las instalaciones estratégicas del Reino Unido en el Atlántico Sur, refuerza esta sensación. Diversos analistas internacionales coinciden en que su importancia radica no solo en la defensa del archipiélago, sino también en su proyección hacia la Antártida.

Lejos de la imagen de 1982, las islas muestran hoy un desarrollo económico significativo. Con una población que no supera los 4.000 habitantes, el territorio presenta uno de los ingresos per cápita más altos de la región, impulsado principalmente por la pesca y el turismo.

El arribo constante de cruceros internacionales genera un flujo de visitantes que transforma la dinámica local. En paralelo, se observa un crecimiento urbano con nuevas viviendas y servicios, aunque manteniendo una estética marcadamente británica.

La composición demográfica también cambió: conviven isleños con migrantes de distintas nacionalidades, muchos de los cuales manifiestan una identificación con la administración británica, en gran parte por las oportunidades económicas que ofrece el lugar.

Uno de los puntos más sensibles del viaje fue la visita al museo local, donde la historia del conflicto se presenta desde una perspectiva británica. Allí, el relato oficial describe a Argentina como fuerza invasora, lo que generó un fuerte impacto emocional en la visitante.

Este enfoque se contrapone con la posición argentina sostenida históricamente ante organismos internacionales como las Naciones Unidas, que reconocen la existencia de una disputa de soberanía e instan a ambas partes a retomar negociaciones.

Además, Daysi advirtió la presencia de mensajes vinculados a una proyección geopolítica hacia la Antártida, lo que refuerza la relevancia estratégica del archipiélago en el escenario global.

Tras su regreso, Daysi Rendo Gadea no solo compartió su testimonio, sino que también planteó la necesidad de repensar la forma en que se aborda la causa Malvinas en la actualidad.

Su experiencia combina memoria, emoción y análisis, y pone en primer plano una realidad compleja: la de unas islas atravesadas por el pasado, pero también por intereses presentes y futuros.

Para la vecina de Ciudad Evita, el viaje significó mucho más que un recorrido geográfico. Fue, en sus propias palabras, una forma de reencontrarse con su historia personal y con una causa que sigue vigente en la identidad argentina.

Fuente: mdzol.com

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