La Matanza se convirtió en el nuevo territorio que los grandes importadores quieren conquistar. En los últimos meses comenzó una fuerte disputa por quedarse con uno de los mercados de consumo más grandes del país, en un fenómeno que genera entusiasmo entre miles de compradores, pero también una creciente preocupación entre comerciantes y pequeñas empresas.

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En las últimas horas se viralizó el reclamo del dueño de Rer Lenic, uno de los mayoristas de electrodomésticos más importantes de Argentina. La empresa ya operaba un local en Gregorio de Laferrere, pero el establecimiento fue clausurado por incumplimientos de las normativas municipales y, hasta el momento, su reapertura continúa en pausa. El empresario utilizó las redes sociales para manifestar su malestar por la situación y reclamar que se habilite nuevamente la actividad.

Mientras tanto, otro gigante ya confirmó su desembarco en el distrito. Se trata de KIRAN IMPORT, cuya sede principal se encuentra en Ituzaingó y que abrirá un enorme galpón en San Justo con el objetivo de captar a los consumidores matanceros. La firma no está exenta de polémicas: en el último tiempo fue víctima de un millonario robo y también fue noticia luego de que ARCA incautara mercadería que, según informó el organismo, habría ingresado al país de manera ilegal.

Detrás de estos movimientos comerciales hay un cambio de fondo. Estos grandes importadores buscan ocupar un espacio que ni siquiera Mercado Libre logró dominar por completo: el de la economía informal y la reventa. Miles de personas compran productos importados, de baja calidad, para revenderlos desde sus casas, por redes sociales o en ferias barriales, generando un circuito comercial paralelo que crece al ritmo de la crisis económica.

Pero mientras muchos consumidores celebran la posibilidad de acceder a productos más baratos, del otro lado aparecen los comerciantes tradicionales, que aseguran no poder competir en igualdad de condiciones.

«Estos grandes galpones destruyen todo el comercio minorista local. Venden por mayor y por menor prácticamente al mismo precio y, además, hacen descuentos por pagos en efectivo ‘en negro’. Así es imposible competir», expresó un comerciante de La Matanza que posee varios locales en distintos centros comerciales del distrito.

El fenómeno abre un debate que promete generar posiciones enfrentadas. ¿La llegada de estos gigantes representa una oportunidad para que las familias accedan a mejores precios y para que miles de emprendedores puedan revender productos? ¿O se trata de una competencia desigual que termina poniendo en riesgo a los comercios de barrio y a las pymes que generan empleo formal?

Lo cierto es que la batalla por el mercado matancero recién comienza. Mientras algunos celebran la llegada de nuevos jugadores y la posibilidad de comprar más barato, otros advierten que el avance de estos mega mayoristas puede cambiar para siempre el mapa comercial del distrito.

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