Miguel Saredi sostiene que la inversión en niñez y adolescencia es una herramienta central para construir una sociedad más segura, y destaca la creación del nuevo Complejo Abasto de la Provincia de Buenos Aires como una política orientada a la contención, la educación y la reinserción social de jóvenes en conflicto con la ley penal. En su análisis, afirma que “invertir en menores es invertir en seguridad, paz social y futuro”, y remarca la necesidad de abordar las causas profundas de la exclusión para prevenir la violencia y la reincidencia.

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Por Miguel Saredi

En tiempos donde la inseguridad domina gran parte de la agenda pública, muchas veces la política cae en el facilismo de discutir únicamente castigos, endurecimiento de penas o medidas efectistas. Sin embargo, la verdadera discusión de fondo debería ser otra: qué hacemos como sociedad con nuestros niños y adolescentes antes de que el delito, la droga y la marginalidad los terminen capturando.

Porque la seguridad no empieza en una comisaría. Empieza mucho antes.

Empieza cuando el Estado decide invertir en niñez, en educación, en salud mental, en recuperación y en oportunidades. Empieza cuando existe una decisión política de no abandonar a una generación entera a la exclusión y la desesperanza.

En ese contexto, la construcción del nuevo Complejo Abasto del programa Niñez y Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires debe entenderse como mucho más que una obra de infraestructura. Debe entenderse como una señal política y social profundamente importante.

Mientras algunos sectores reducen el debate a slogans de mano dura, la Provincia avanza con una inversión concreta para mejorar el abordaje de adolescentes en conflicto con la ley penal, creando espacios adecuados para la contención, la formación y la reinserción social.

Y esto es clave: recuperar a un menor no beneficia solamente al joven. Beneficia a toda la sociedad.

Cada adolescente que vuelve a estudiar, que recibe asistencia profesional, que accede a capacitación laboral y logra reconstruir un proyecto de vida es un delito menos en el futuro, una familia recuperada y un barrio más seguro.

Por eso el Complejo Abasto representa una visión moderna e inteligente de la seguridad pública.

No se trata simplemente de alojar jóvenes. Se trata de generar condiciones reales para trabajar sobre las causas profundas que muchas veces llevan a un adolescente al conflicto con la ley penal: pobreza extrema, abandono escolar, violencia familiar, consumo problemático y falta total de oportunidades.

Durante años, Argentina convivió con sistemas precarios, deteriorados y muchas veces desbordados para abordar estas problemáticas. Y cuando el Estado trabaja en malas condiciones, el resultado suele ser peor: más violencia, más reincidencia y más exclusión.

La Provincia de Buenos Aires decidió avanzar en otro sentido. Con recursos propios y en un contexto económico extremadamente complejo, continúa sosteniendo inversiones vinculadas a niñez y adolescencia, aun cuando el Estado nacional ha dejado prácticamente a la deriva muchos de estos temas fundamentales para el futuro de la sociedad.

Ese esfuerzo merece ser destacado.

Porque mientras se paralizan obras, se ajustan programas y se retira el acompañamiento nacional en áreas sensibles, la Provincia continúa apostando a políticas públicas que buscan prevenir el delito desde una mirada integral y humana.

Y eso también es defender a la sociedad.

Muchas veces se instala falsamente que invertir en menores en conflicto con la ley penal significa “beneficiar delincuentes”. Nada más alejado de la realidad. Lo que se busca es evitar que esos jóvenes queden definitivamente atrapados por circuitos criminales que después generan más violencia y más víctimas.

La experiencia mundial demuestra que los países que lograron reducir seriamente la delincuencia juvenil no lo hicieron únicamente endureciendo penas. Lo hicieron fortaleciendo políticas de inclusión, educación, salud mental y recuperación social.

Porque llegar antes siempre cuesta menos que llegar tarde.

Cada peso invertido en niñez evita enormes costos futuros en violencia, narcotráfico, sistema penitenciario y destrucción social. Cada chico recuperado es una oportunidad ganada para toda la comunidad.

El Complejo Abasto simboliza precisamente eso: la decisión de no resignarse. La decisión de intervenir antes de que el delito termine destruyendo definitivamente la vida de miles de jóvenes.

La política tiene la obligación de animarse a discutir estas cosas con responsabilidad y sin especulación electoral. Es mucho más sencillo construir discursos desde el enojo o el miedo. Lo difícil es sostener políticas públicas profundas que den resultados a largo plazo.

Pero gobernar no es gritar más fuerte. Gobernar es resolver problemas.

Y si queremos una sociedad verdaderamente más segura, debemos entender de una vez por todas que invertir en menores es invertir en seguridad, en paz social y en futuro.

 

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