Durante años, el PAMI fue utilizado como botín político, como refugio de amigos, militantes o intereses partidarios.Se lo administró muchas veces sin conocimiento técnico, sin sensibilidad social y, lo que es más grave, sin respeto por la vida y la dignidad de nuestros mayores. Así fue como se lo convirtió, en demasiadas ocasiones, en un espacio atravesado por la ineficiencia, la desidia, la corrupción y los negocios ajenos a las verdaderas necesidades de los jubilados. Y cada una de esas malas gestiones se paga con turnos que no llegan, medicamentos que faltan, tratamientos que se demoran y angustia acumulada en quienes ya han trabajado toda una vida.
Por eso es fundamental decirlo con todas las letras:defender al PAMI no es defender a sus funcionarios, es defender una institución que nos pertenece y que debe estar al servicio de quienes la sostienen.Hoy más que nunca, debemos cuidar al PAMI, pero también exigir que se vayan quienes lo vacían desde adentro: corruptos, inoperantes e inescrupulosos que solo ven un negocio donde debería haber derechos.El PAMI debe ser conducido por personas idóneas, con vocación de servicio, con control social y con una prioridad clara: la salud y la dignidad de los adultos mayores.
Porque los verdaderos dueños del PAMI no son los gobiernos de turno, ni los funcionarios pasajeros:son los jubilados, las jubiladas y los trabajadores activos que lo sostienen con su esfuerzo de toda una vida.Es hora de levantar la voz, de organizarnos y de reclamar con firmeza la urgente y definitiva normalización del PAMI, para que vuelva a cumplir el rol para el cual fue creado: cuidar, proteger y respetar a quienes ya dieron todo por este país.
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