A 131 años de su llegada al mundo, el debate sobre si Juan Domingo Perón nació en Lobos en 1895 o en Roque Pérez en 1893 sigue vigente. El acta como Sosa, la herencia tehuelche por línea materna y una infancia marcada por el campo y la Patagonia explican parte del enigma.
A 131 años de su nacimiento, la figura de Juan Domingo Perón vuelve a quedar en el centro de una discusión que excede la política. Lo que para la memoria oficial es un dato cerrado, para un sector de la historiografía es un interrogante abierto: el cuándo, el dónde y con qué apellido llegó al mundo.
La versión institucionalizada por décadas fija su origen en Lobos, en una casa de calle Buenos Aires al 1300, el 8 de octubre de 1895. Esa fecha quedó establecida incluso por la Ley N° 25.518 de 2001, que declaró a ese inmueble como su casa natal.
Sin embargo, la investigación encabezada por el médico Hipólito Barreiro, quien asistió a Perón durante su exilio y volcó sus conclusiones en el libro Juancito Sosa, el indio que cambió la historia, propone otra cronología. Según esa reconstrucción, el futuro tres veces presidente habría nacido el 7 de octubre de 1893 en un rancho humilde de las afueras de Roque Pérez, a unos 35 kilómetros de Lobos. En sintonía con esa hipótesis trabajó el historiador Norberto Galasso, autor de Perón. Formación, ascenso y caída, fallecido el pasado 7 de septiembre de 2026.
El documento que alimenta la controversia es religioso. El bautismo, realizado el 14 de enero de 1898 en la parroquia de Lobos, sin la presencia de su padre, lo asentó como Juan Domingo Sosa, hijo natural de Juana Sosa. Para los autores que sostienen la tesis de Roque Pérez, el traslado de la inscripción a Lobos se explica por una cuestión práctica: era el centro urbano más cercano con registro civil, y por el contexto social de la época.
Mario Tomás Perón y Juana Sosa Toledo no habían formalizado su unión cuando nació su segundo hijo. El mayor, Mario Avelino, había llegado en 1891. La pareja recién se casaría el 25 de septiembre de 1901, momento en que el niño sería reconocido legalmente con el apellido paterno. Para fines del siglo XIX, nacer fuera del matrimonio implicaba una marca social que los historiadores señalan como clave para entender la demora y la modificación de la fecha en los papeles. El tema fue abordado también por Enrique Pavón Pereyra en Yo, Perón, donde recupera una reflexión atribuida al propio Perón sobre la injusticia de aquellas normas que castigaban a la mujer y estigmatizaban al hijo.
Otro capítulo central es el de su ascendencia. Por línea materna, Juana Sosa, criolla nacida en 1875 y fallecida en 1953, transmitía raíces indígenas. Perón reivindicó ese origen a lo largo de su vida pública. En una entrevista publicada por Revista 7 Días el 5 de diciembre de 1967 afirmó sentirse orgulloso de su raíz india, y en otras declaraciones sostuvo que se sentía honrado de llevar sangre tehuelche, de los pueblos que habitaron estas tierras mucho antes de la colonización.
La rama paterna también tenía peso histórico. Su padre, Mario Tomás Perón, era hijo de Tomás Liberato Perón, senador de origen mitrista y médico reconocido en la Guerra del Paraguay, señalado como uno de los primeros en aplicar la vacuna antirrábica en el país y presidente del Consejo Nacional de Higiene. Mario había iniciado estudios de Medicina y luego se dedicó al trabajo rural.
Ese mundo rural marcó su primera etapa. Creció entre caballos, perros y peones, con la influencia del domador Sixto “el Chino” Magallanes, quien lo inició en la monta. De Lobos también proviene una anécdota muy citada: el cráneo de Juan Moreira, el gaucho asesinado en 1874, habría quedado en poder de su abuelo y el pequeño Juan Domingo lo utilizaba para asustar al personal doméstico. La pieza terminaría luego en el Museo de Luján.
La economía familiar llevó a un giro geográfico. Mario se trasladó primero a Santa Cruz en busca de mejores condiciones y tiempo después se instaló toda la familia en la Patagonia. Allí transcurrió parte de su niñez, en un escenario de frontera con fuertes desigualdades entre terratenientes y trabajadores rurales. Perón recuperaría esas vivencias para explicar su posterior vínculo con los sectores populares.
De regreso a Buenos Aires en la adolescencia, vivió en la casa de su abuela paterna y, tras evaluar continuar Medicina como tradición familiar, eligió la carrera militar. En 1911 ingresó al Colegio Militar de la Nación, con beca por rendimiento, dando inicio a una trayectoria que lo proyectaría a la vida pública.
El salto político llegó tras el golpe de 1943 contra Ramón Castillo, cuando quedó al frente del Departamento Nacional de Trabajo, elevado luego a Secretaría de Trabajo y Previsión. Desde allí impulsó el aguinaldo, las vacaciones pagas, las indemnizaciones y los convenios colectivos, construyendo el lazo con el movimiento obrero que sería su principal sustento.
Ese lazo se volvió fundacional el 17 de octubre de 1945, cuando una masiva movilización a Plaza de Mayo pidió su liberación luego de ser forzado a renunciar y quedar detenido. Liberado y respaldado por los trabajadores, ganó la presidencia en 1946, fue reelecto en 1951 y derrocado por el golpe militar de septiembre de 1955, que abrió el largo ciclo de exilio y proscripción.
Volvió al país en noviembre de 1972 y, una vez levantada la veda a su movimiento, se impuso en las elecciones de septiembre de 1973 con el 62% de los votos, asumiendo su tercer mandato el 12 de octubre. Ese último gobierno duró apenas ocho meses y 19 días: murió el 1 de julio de 1974, a los 78 años, mientras ejercía la presidencia.