En medio de una crisis que tensiona la gestión local, se profundiza en La Matanza una feroz disputa de poder puertas adentro: el crecimiento de Miguel Saredi como pieza clave del armado de Fernando Espinoza desata resistencias en La Cámpora y reconfigura el delicado equilibrio político del distrito más influyente de la provincia.

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Por Jorge Jorge Victorero.  Director de Multimedios PRISMA y El Censor del Oeste

En el mapa político de la provincia de Buenos Aires, La Matanza no es solo un distrito; es un estado dentro de otro estado donde la «rosca» se juega a nivel profesional. Por estos días, el aire en el Palacio Almafuerte se ha vuelto denso. Lo que a simple vista parece una gestión municipal abocada a la crisis, esconde en realidad una de las pulseadas internas más intensas de los últimos años: el avance estratégico de Miguel Saredi y el evidente encono que esto genera en las filas de La Cámpora.

Saredi: El «parachoques» de Espinoza

No es casual que el intendente Fernando Espinoza haya ubicado a Saredi en un lugar de privilegio dentro de la estructura de Planificación Operativa. Para los conocedores de los pasillos municipales, Saredi no es solo un funcionario; es el hombre que el Intendente ha colocado estratégicamente para que sea quien enfrente, con peso propio y trayectoria, las ambiciones de los sectores más radicalizados.

Al ser un «político de raza» —con pasado legislativo nacional y un origen peronista que nadie puede cuestionar—, Saredi le aporta a la gestión una autonomía que irrita profundamente a Facundo Tignanelli y su armado camporista. Para La Cámpora, Saredi es un «intruso» que no responde a su verticalismo; para Espinoza, es la garantía de que su gabinete no será rehén de las presiones de la «orga».

La alianza de los desplazados: Cubría y Tignanelli

Este escenario de tensión explica un fenómeno que hasta hace poco parecía imposible: la sintonía táctica entre Patricia «la Colo» Cubría (Movimiento Evita) y el propio Tignanelli. Aunque históricamente enfrentados, hoy los une el «espanto» ante una gestión que se profesionaliza y se abre a cuadros externos.

Ambos sectores ven cómo Espinoza, apoyado en la ejecución técnica de Claudio Lentini y el orden legislativo de Liliana Yambrun, ha blindado su toma de decisiones. Al sumar a Saredi como ese «frontón» político, el Intendente ha logrado licuar la capacidad de daño de quienes, desde adentro, intentan condicionar su liderazgo.

El equilibrio de los históricos

En esta arquitectura de poder, la figura de Ricardo Rolleri sigue siendo el faro institucional. Mientras Saredi pone el cuerpo en la avanzada y genera el roce necesario con la interna, Rolleri aporta la calma y el conocimiento administrativo que asegura que la maquinaria municipal no se detenga. Es el equilibrio perfecto: la audacia de la apertura y la seguridad de la experiencia.

Conclusión: El mensaje del Palacio

Desde Multimedios Prisma, leemos este movimiento como una declaración de principios de Espinoza. Al darle aire y protagonismo a Saredi, el Intendente está enviando un mensaje claro: en La Matanza manda la gestión y la apertura, no el carnet militante.

El encono de La Cámpora es, en definitiva, el reconocimiento del éxito de esta estrategia. Mientras la oposición interna mastica bronca por la «intromisión» de cuadros con vuelo propio, el «Modelo Matanza» de Espinoza se consolida como un frente amplio, donde la lealtad se mide por resultados y no por obediencia ciega.

 

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