Por Dr. Miguel Saredi
Cada 8 de marzo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer, una fecha que no nació como un simple saludo o celebración, sino como un recordatorio de las luchas históricas de millones de mujeres por la igualdad, la justicia y la dignidad. Esta jornada tiene su origen en las movilizaciones de mujeres trabajadoras que, desde fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, reclamaron derechos laborales, políticos y sociales, hasta que finalmente la comunidad internacional reconoció oficialmente la fecha en 1977.
En este día tan significativo quiero hacer llegar un saludo fraternal a todas las compañeras y mujeres de nuestra patria. Al mismo tiempo, deseo compartir y recordar el espíritu de una declaración del Foro del Peronismo del Siglo XXI emitida en 2019, año en que se conmemoró el centenario del nacimiento de Eva Perón, figura central de la historia argentina y latinoamericana.
Al evocar esta fecha, considero imprescindible rescatar la dimensión de Evita, su obra y su ejemplo. Su legado trasciende largamente las fronteras partidarias y se ha convertido en un patrimonio moral y político de todo el pueblo argentino. Su figura sigue siendo una referencia imprescindible para comprender las luchas que protagonizan hoy las mujeres en la Argentina del siglo XXI.
Durante mucho tiempo, la historia oficial tendió a presentar los avances sociales de las mujeres como si fueran el resultado natural del progreso de la sociedad. Sin embargo, cuando uno revisa seriamente la historia, descubre que cada conquista fue posible porque hubo mujeres organizadas, luchando y protagonizando esos cambios. Ningún derecho fue concedido espontáneamente: cada uno de ellos fue el fruto de una batalla colectiva.
El feminismo, en su esencia más profunda, ha significado sacar del ámbito privado cuestiones que durante siglos fueron invisibilizadas y llevarlas al espacio público y político, donde deben debatirse y resolverse. En la Argentina, fue Evita quien logró encarnar esa transformación en el plano cívico y político.
En una época en la que predominaba la idea de que las mujeres debían permanecer relegadas al ámbito doméstico, Evita cambió el rumbo de nuestra historia. Su primera gran tarea fue visibilizar a las mujeres, no solo como un acto elemental de justicia, sino también como una necesidad para enriquecer el conocimiento social con la experiencia propia de ser mujer.
Si bien existían diversas reivindicaciones —como el derecho a la educación o al trabajo remunerado— Evita comprendió que la participación política era la llave que abriría todas las demás puertas. Por eso impulsó con determinación el derecho al voto femenino, que terminó convirtiéndose en el motor de una movilización histórica de mujeres en todo el país.
La sanción en 1947 de la ley de sufragio femenino en la Argentina, impulsada durante el gobierno de Juan Domingo Perón, permitió que las mujeres no solo pudieran votar sino también ser elegidas para cargos públicos, ampliando de manera decisiva la democracia argentina.
Ese logro no fue producto de una sola persona. Fue la culminación de décadas de lucha de muchas mujeres valiosas como Julieta Lanteri, Alicia Moreau de Justo y Victoria Ocampo, entre tantas otras que instalaron el reclamo de los derechos políticos femeninos en la agenda pública.
A partir de aquella conquista se produjo en nuestro país una movilización extraordinaria. El protagonismo de las mujeres se expresó en la organización del Partido Peronista Femenino y en la creciente presencia de mujeres en la vida política, antecedente de políticas posteriores como el cupo femenino y la paridad legislativa.
También fue ese movimiento el que impulsó reformas profundas en materia de derechos civiles y laborales, como la igualdad jurídica entre los cónyuges, el reconocimiento de derechos en el ámbito familiar y normas laborales destinadas a proteger la maternidad y garantizar la dignidad de la mujer trabajadora.
A lo largo de la historia, quienes se opusieron a los cambios sociales intentaron ridiculizar o silenciar las demandas de las mujeres. Sin embargo, las transformaciones sociales son imparables cuando responden a una necesidad profunda de justicia. En las sociedades contemporáneas, los movimientos feministas constituyen una de las fuerzas más dinámicas y transformadoras de la vida social.
Los avances logrados en materia de igualdad formal y las acciones positivas destinadas a alcanzar una igualdad real han demostrado ser herramientas fundamentales para la ampliación de derechos.
Si hoy muchas mujeres pueden participar plenamente en la vida pública, ejercer derechos políticos y desarrollarse en múltiples ámbitos, es porque otras mujeres lucharon antes que ellas. Algunas incluso dejaron su vida en ese camino.
Recuerdo, en este punto, una frase premonitoria de Evita durante su gira europea:
“Este siglo no pasará a la historia como el siglo de la desintegración atómica, sino como el siglo del feminismo victorioso”.
Y la historia, en gran medida, le dio la razón.
En este Día Internacional de la Mujer quiero rendir homenaje a todas las mujeres argentinas: a las que lucharon antes, a las que hoy siguen levantando banderas de justicia y a las que vendrán. Porque cada paso hacia una sociedad más justa también lleva la huella de su coraje, su inteligencia y su compromiso.
Mi saludo fraternal y mi reconocimiento sincero a todas ellas.
Dr. Miguel Saredi