La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino fue declarada en quiebra por la Justicia mientras que la cadena de supermercados ChangoMás avanza con un nuevo plan de despidos en distintas provincias. La caída del consumo golpea al sector minorista y pone en alerta al empleo.

El deterioro del consumo interno comienza a mostrar consecuencias cada vez más visibles en el comercio argentino. Mientras la histórica cadena de electrodomésticos Garbarino enfrenta su liquidación definitiva, la cadena de supermercados ChangoMás implementa un nuevo recorte de personal en varias sucursales del país, en un contexto de caída sostenida de las ventas.

La crisis impacta especialmente en los grandes comercios, que históricamente funcionan como un termómetro del poder adquisitivo. En los últimos meses, la reducción de compras en supermercados, autoservicios y tiendas especializadas se profundizó, obligando a las empresas a ajustar estructuras, cerrar locales o reducir planteles de trabajadores.

Despidos en ChangoMás

La cadena ChangoMás, controlada por el grupo Dorinka vinculado al empresario Francisco de Narváez, retomó su plan de reducción de personal iniciado durante 2024. Según trascendió en ámbitos sindicales, el nuevo ajuste podría alcanzar a más de 300 trabajadores en todo el país.

Los despidos más recientes se registraron en sucursales de San Juan y La Pampa, donde el retroceso en las ventas fue señalado como uno de los principales factores detrás de la decisión empresarial.

En San Juan, el Sindicato de Empleados de Comercio confirmó la desvinculación de 11 trabajadores distribuidos en tres locales de la cadena. Dirigentes gremiales señalaron que muchos de los despedidos tenían menos de un año de antigüedad o se encontraban en período de prueba.

La situación también preocupa en otras ciudades. En Santa Rosa, La Pampa, el proceso de ajuste comenzó con personal jerárquico. Allí el sector supermercadista ya venía golpeado por recortes recientes en cadenas como Carrefour y La Anónima.

Desde el sector empresarial reconocen que la rentabilidad se volvió cada vez más difícil. Directivos de cadenas del rubro sostienen que el negocio enfrenta una combinación compleja de baja demanda, aumento de costos y competencia creciente.

La caída del consumo

El contexto económico explica gran parte del problema. Según un informe de la consultora Scentia sobre tendencias de consumo masivo, en enero de 2026 la demanda total se ubicó 11% por debajo del nivel registrado en enero de 2023.

Además, en comparación con diciembre se verificó una retracción cercana al 7%, lo que confirma que el consumo aún no logra recuperarse.

El relevamiento muestra fuertes caídas en casi todos los canales:

  • Supermercados: -15,4%
  • Autoservicios independientes: -12,5%
  • Mayoristas: -14,6%
  • Farmacias: -7,8%
  • Comercio electrónico: -11%

Este panorama golpea con especial fuerza a los comercios más pequeños, que cuentan con menor capacidad financiera para soportar períodos prolongados de ventas bajas.

El final de Garbarino

Mientras tanto, el caso de Garbarino representa uno de los derrumbes empresariales más emblemáticos del retail argentino en los últimos años.

El Juzgado Nacional en lo Comercial N°7 decretó la quiebra de la compañía tras comprobar que no existían condiciones para sostener el concurso preventivo iniciado en 2021. La empresa no logró alcanzar un acuerdo con sus acreedores ni atraer inversores que permitieran su rescate.

La resolución judicial ordenó la liquidación total de los activos, lo que implica el cierre definitivo de la cadena.

Garbarino llegó a contar con más de 200 sucursales y unos 4.500 empleados en todo el país, pero la crisis financiera, los conflictos laborales y la caída del mercado de electrodomésticos redujeron su estructura a apenas unos pocos locales en funcionamiento antes del fallo judicial.

Un sector en alerta

La quiebra de Garbarino y los despidos en ChangoMás reflejan una tendencia más amplia dentro del comercio minorista: la reducción de la actividad y la necesidad de reestructuración.

En un escenario de ingresos debilitados y consumo retraído, empresas grandes y pequeñas enfrentan el mismo desafío: sostener su operación mientras esperan una recuperación de la demanda que, por ahora, sigue siendo incierta.