La comunidad educativa del Colegio Monseñor Solari se encuentra en estado de alerta ante una política institucional que ha dejado a decenas de alumnos fuera de las aulas. La problemática central radica en la negativa del colegio a renovar las matrículas de aproximadamente 40 familias, argumentando moras administrativas que, en muchos casos, ya han sido canceladas en su totalidad. Hasta el momento, la respuesta de la institución ha sido tajante: sostienen que las vacantes ya han sido reasignadas y que «no hay lugar».

Evangelina, madre de tres alumnos de la institución, explicó que, debido a una situación judicial, existía un acuerdo para que ella y el padre de los niños pagaran la cuota a medias. Mientras ella cumplía con su parte mensualmente, el padre dejó de abonar. La madre recién fue notificada de la gravedad de la situación en febrero, cuando intentó matricular a sus hijos y se encontró con que el colegio le exigía saldar la deuda total.

Para solucionar el problema y asegurar la continuidad escolar, Evangelina solicitó un préstamo bancario para cubrir la deuda. Sin embargo, tras realizar el pago, la institución le informó que la vacante les había sido retirada basándose en una carta documento enviada en octubre, notificación que solo recibió el padre y de la cual ella nunca fue informada.

Impacto emocional y falta de respuestas

El caso de Evangelina no es aislado; aproximadamente otras 40 familias enfrentan el mismo rechazo por deudas ya canceladas. La situación es crítica para los alumnos, especialmente para aquellos que cursan años de egreso, quienes ya tienen pagados sus viajes y uniformes de egresados.

«Me puse a llorar… me parece una injusticia total y una falta de empatía absoluta por parte del colegio», expresó una de las madres.

Acciones legales

Pese a los reclamos ante el Consejo Escolar y la DIEGEP (Dirección de Educación de Gestión Privada), la respuesta del colegio ha sido que «no hay lugar». Ante esto, las familias han comenzado a actuar judicialmente para exigir la matriculación, apelando a que los niños no deben ser castigados por problemáticas económicas de los adultos y resaltando la contradicción entre el accionar de la institución y sus valores como colegio católico.