El Día de la Mujer Migrante no es una fecha simbólica más. Es una fecha de memoria activa.

Cada 10 de enero recordamos a Marcelina Meneses, mujer migrante boliviana, asesinada junto a su hijo Joshua Torres en 2001, en un crimen atravesado por el odio, el racismo y la xenofobia.

Ese hecho marcó un antes y un después en la Argentina. No solo por la brutalidad, sino porque dejó al descubierto una violencia estructural que todavía persiste cuando se estigmatiza, se ridiculiza o se deshumaniza a quienes migran.

 

🟣 Cuando el discurso del odio vuelve a ocupar micrófonos

Las recientes expresiones públicas de la diputada Lilia Lemoine, con referencias despectivas hacia una mujer migrante y hacia la comunidad boliviana, no pueden relativizarse.

Llamar “bolita”, degradar por el origen o ridiculizar la identidad de una mujer no es una opinión.

Es racismo. Es xenofobia.

Y cuando ese discurso proviene de una funcionaria pública, se convierte en un mensaje social peligroso.

La violencia simbólica antecede siempre a la violencia real.

🟣 Mujeres migrantes: columna invisible de la Argentina real

Las mujeres migrantes —y en particular las mujeres bolivianas, paraguayas, peruanas y tantas que vienen a nuestra Patrai — sostienen barrios, economías populares, cadenas productivas, cuidados y comunidades enteras.

Son trabajadoras textiles, cuidadoras, feriantes, agricultoras, empleadas de casas particulares, madres y jefas de hogar.

Invisibilizarlas o estigmatizarlas es negar una parte constitutiva de la Argentina contemporánea.

La Argentina se hizo con migrantes, no contra ellos.

🟣 El contraste internacional: Argentina o el modelo del descarte

Mientras nuestro país tiene una tradición histórica de integración, hoy vemos en Estados Unidos un camino opuesto:

• Deportaciones masivas

• Criminalización de la migración

• Discursos anti latinos

• Muertes evitables, como la de una mujer migrante ocurrida recientemente en Minneapolis

La política impulsada por Donald Trump consolidó una lógica donde el migrante es tratado como amenaza y no como sujeto de derechos.

Ese no es el camino argentino.

Nuestra Constitución, nuestra historia y nuestra identidad están del lado opuesto: la inclusión, la dignidad y el trabajo como valor social.

En el Día de la Mujer Migrante reafirmamos una convicción:

• No se puede naturalizar el odio

• No se puede banalizar el racismo

• No se puede permitir que el desprecio se transforme en política pública

 

✋ Nunca más racismo.

Nunca más xenofobia.

Nunca más silencio.

Por Miguel Saredi