Especialistas, exfuncionarios y familias cuestionan la decisión del Ministerio de Salud de no renovar contratos en el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, una política pública que asiste a unos 7.000 recién nacidos por año.
La continuidad del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC) quedó en el centro de la preocupación del sistema sanitario argentino tras conocerse una serie de decisiones administrativas que, según advierten profesionales y familias, ponen en jaque su funcionamiento. Se trata de una política pública considerada esencial para garantizar el diagnóstico y las cirugías de bebés que nacen con malformaciones cardíacas.
En las últimas horas trascendió que el Ministerio de Salud, a cargo de Mario Lugones, resolvió no renovar el contrato de tres integrantes del equipo técnico del programa. La medida derivó en la renuncia del resto de los profesionales, quienes interpretaron la decisión como un vaciamiento que imposibilita sostener las tareas básicas del PNCC.
El impacto potencial es de gran magnitud: cada año, alrededor de 7.000 niñas y niños nacen en el país con algún tipo de cardiopatía congénita y requieren atención especializada, muchas veces quirúrgica, para sobrevivir y desarrollarse. El programa nacional fue creado justamente para articular derivaciones, cirugías y seguimientos en todo el territorio.
Lucía Wajsman, una de las impulsoras de la ley que dio marco legal al PNCC —aprobada por el Congreso en 2023— advirtió sobre las consecuencias directas de la decisión oficial. Según señaló, el desmantelamiento del programa equivale a dejar sin respuesta a bebés que aguardan una cirugía cardíaca indispensable para seguir con vida.
Desde el ámbito médico también se sumaron voces de alarma. Alejandra Villa, cardióloga pediátrica y excoordinadora del PNCC entre 2010 y 2017, remarcó que el mayor logro de la iniciativa no se mide solo en estadísticas sanitarias, sino en historias de vida concretas. “Niños que sobrevivieron, crecieron y hoy participan plenamente en la sociedad”, sostuvo, al destacar el valor humano del programa más allá de los resultados técnicos.