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Lo viejo ilumina: El Reloj y un homenaje histórico en la Plaza del Cañón, cuna del metal argentino

El Reloj jugando de local en la Plaza del Cañón, en el corazón de La Matanza.

La banda pionera del hard rock nacional fue reconocida en el corazón de La Matanza, el territorio donde nació su sonido y donde se formaron varias generaciones de músicos del heavy local. Tras un año de renovado protagonismo gracias a su aparición en la serie El Eternauta, el grupo recibió una distinción oficial y un emotivo recordatorio permanente en la mítica Plaza del Cañón.

Un regreso a la raíz del metal criollo

En un año marcado por homenajes y recuperaciones históricas, El Reloj, una de las agrupaciones fundacionales del rock pesado argentino, volvió a ocupar el centro de la escena. Lejos de los grandes estadios y las luces del mainstream, el reconocimiento llegó desde el lugar que moldeó su identidad: La Matanza, territorio donde surgieron varios de los nombres más emblemáticos del género.

La banda regresó a la Plaza del Cañón, un espacio urbano situado en la frontera entre San Justo, Lomas del Mirador y Ramos Mejía, que fue punto de encuentro para jóvenes artistas desde los años ’70. Allí ensayaba el grupo, a metros de la casa del inolvidable Luis Valenti, uno de los pilares creativos del proyecto.

Los inicios de una leyenda subterránea

A comienzos de los años ’70, cuando en el país todavía predominaba la etiqueta de beat o música pop y el rock local daba apenas sus primeros pasos, un conjunto de amigos del oeste del conurbano se animó a crear un sonido propio. Willy Gardi, Eduardo Frezza, Osvaldo Zabala, Luis Valenti y Juan “Locomotora” Espósito formaron El Reloj, combinando la distorsión y potencia que expandían grupos como Deep Purple con la impronta progresiva que caracterizaba a la escena internacional del momento.

Aunque su trayectoria inicial fue breve —con apenas tres simples y dos LPs editados— dejaron una marca indeleble. En septiembre de 1975 colmaron el Luna Park, un logro excepcional para la época, y su separación llegó poco antes del golpe de Estado de 1976. A partir de allí, distintas formaciones parciales mantuvieron viva la marca, incluso con un fugaz regreso de la alineación clásica que terminó abruptamente tras la muerte de Gardi en un accidente.

Una reactivación que cruzó generaciones

Con el tiempo, los caminos de los sobrevivientes fueron dispersándose hasta que, en 2018, el bajista y cantante Eduardo Frezza decidió dejar atrás sus negativas a reunirse y retomó el contacto con el guitarrista Osvaldo Zabala, el otro integrante original aún en actividad. De esa alianza nació el proyecto Frezza Zabala El Reloj, que recuperó el repertorio histórico del grupo para ofrecerlo a nuevas audiencias.

La banda celebró sus 50 años de historia durante la pandemia y comenzó a presentarse con mayor frecuencia, alcanzando una renovada visibilidad que despertó el interés de públicos más jóvenes.

El Eternauta y un renacer inesperado

La inclusión de dos canciones de El Reloj en la reciente adaptación audiovisual de El Eternauta impulsó un verdadero revival.En una de las secuencias más emblemáticas, mientras cae la nieve mortal, suena “Alguien más en quien confiar” directamente desde un vinilo original, reforzando el clasicismo y la emotividad del momento. La otra composición utilizada, “Blues del atardecer”, ya había sido revalorizada años atrás cuando Ricardo Iorio la incorporó en su libro de versiones Ayer deseo, hoy realidad.

Esta visibilidad llevó al conjunto a multiplicar sus presentaciones y a recibir reconocimientos institucionales. El 19 de noviembre, fueron distinguidos en el Salón Montevideo de la Legislatura Porteña, y apenas unos días después llegó el homenaje más emotivo.

Ciudadanos ilustres y un monumento para siempre

El Concejo Deliberante de La Matanza nombró a Frezza y Zabala ciudadanos ilustres por su contribución a la cultura local. La celebración culminó con un recital multitudinario en la Plaza del Cañón, donde millares de fanáticos vestidos de negro —de todas las edades— se reunieron para escucharlos en el mismo territorio donde comenzó todo.

Además, por iniciativa del fanático matancero Claudio Vatteroni, se instaló un poste con una doble placa conmemorativa. De un lado, se exhibe el logo de la banda junto al recuerdo de Willy Gardi, Luis Valenti y “Locomotora” Espósito. Del otro, una semblanza que destaca el aporte del grupo y su influencia en tres generaciones de músicos metaleros.

Un cierre a pura historia y distorsión

El show culminó con la energía acostumbrada. Tras una falsa despedida, regresaron con “El mandato”, el primer simple del conjunto publicado en 1973 y que, según la tradición oral del rock local, habría inspirado los primeros pogos en Argentina.

La jornada terminó con el sol ocultándose tras los techos de la Avenida Mosconi, mientras el suelo vibraba aún por la potencia de los amplificadores. En el aire quedó la sensación de que, medio siglo después, las agujas de El Reloj siguen marcando una hora que jamás deja de ser actual.

Fuente: laizquierdadiario.com

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