El Mirasol empató con el conjunto de Remedios de Escalada y tendrá que esperar una semana más para poder gritar campeón.

Estaba todo preparado. El Fragata Presidente Sarmiento se había vestido de gala para festejar. Ni el hincha aurinegro más pesimista hubiera pensado que hoy el equipo de Jorge “Morrón” Benítez no daría la tan ansiada vuelta olímpica frente al conjunto sureño.

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Sin embargo, una vez más, la lógica de lo impensado volvería a hacerse presente para postergar la celebración de un nuevo título.
En momentos decisivos es fundamental calmar la ansiedad, pero difícil llevarlo a la práctica. Almirante tuvo muchas dificultades para imponer su juego y hasta pudo haberlo perdido. En la primera etapa le costó horrores llegar al arco rival. Se lo veía ansioso, queriendo resolver la historia cuanto antes. Cometía errores no forzados y le costaban asociarse en el juego. Para colmo, la visita tuvo dos chances por medio de Alejandro Aranda, pero fueron despilfarradas. Los locales apenas tuvieron un cabezazo de Joaquín Ibáñez, que se fue por arriba del arco.

En la segunda mitad, Almirante puso un freno y fue más pensante. Hasta que el reloj avanzaba. El correr de los minutos y el hervidero de Isidro Casanova lo llevaron a cometer nuevos/viejos errores. Talleres tuvo otras oportunidades nuevamente con Aranda, pero Ramiro Martínez logró ahogar el grito de la visita.
Los anfitriones respondieron con algunos remates que exigieron al ex arquero aurinegro y lo transformaron en la figura.

José Luis “Pipi” García lo probaba de afuera, y justamente él evitaba la fiesta matancera. Almirante buscaba variantes y se ilusionaba con una nueva conquista agónica, similar a la de los últimos encuentros, pero la suerte no estaría de su lado.
Los hinchas, muchos de ellos incrédulos ante lo acontecido, se retiraron del fragata con rostros de preocupación pero confiados en poder lograr el campeonato en la próxima fecha ante UAI Urquiza en Villa Lynch. Y claro, este equipo ya ha dado muchas pruebas de carácter. Ahora, tendrá que volver a demostrarlo.

Por Hernán Lancelotte