Dos caminos, un destino #LaMatanza

Dos caminos, un destino.  Ariel Fiano.

Los gritos abundan pero no para imponer disciplina, los barrios de Laferrere están cada vez mas reacios  a la autoridad y creen en la jerarquía de los malos hábitos que se apoderaron de las calles.  “Esa es la pura y cruda realidad” esboza decir Nahuel o, para los amigos y la gente del Barrio Lujan el Mono, un pibe de 29, copado, afectado por la realidad del lugar donde creció.

El vive y trabaja de lunes a viernes en Capital Federal, en algún momento tomo la determinación de buscar nuevos rumbos para escapar un poco de los problemas que lo atosigaban. Asi fue conociendo gente que le mostro otra realidad, potencio sus capacidades y el entorno le mostro lo diferente que se vive del conurbano. Algunos proyectos propios, y sus afectos lo obligaban a volver los fines de semana, ya con otra mirada y otra perspectiva propia de la madurez y del cambio de aire lo hicieron notar que había chicos que iban por el camino boscoso, como en la literatura que el personaje principal se ve obligado a elegir dos caminos diferentes para un solo rumbo, y si eligen mal terminan en la casa del malo del libro.

Obvio que en la literatura nunca esta quien aconseja el camino que lo lleva seguro a donde debe, pero en la realidad siempre existe algún guía que transito ese camino y pudo eludir al malo. Justamente por eso todos los sábados vuelve al bosque para darle una mano a los chicos de su barrio, y estos chicos lo esperan como a un tío que se fue de viaje y trae algo dulce para compartir. En este caso lo dulce no son alfajores, comparten mates y terminan de hacer deberes pendientes del colegio, y si en la semana se comportaron como se debía  en la casa y lograron cumplir con las pautas del grupo, son merecedores de una salida al playón del Polo industrial del calzado que por el abandono político es ideal para andar en bici y patineta o, comparten un gusto común, el Freestyle, mientras toman mate improvisando rimas que destacan sus momentos y su estado de ánimo.

No es por casualidad que el rap nació en los barrios bajos del Brox con la segregación racial y cultural propia de la cultura de Estados Unidos, donde se juntaban en las esquinas a cantar sobre la difícil realidad y recreaban los sonidos de un radiograbador con la boca, eso mas tarde dentro de la cultura rapera se adopto como beat box, una improvisación por falta del aparato, que estos chicos hacen como algo que ya es natural dentro del rap. Si bien las épocas son diferentes, muchos de los problemas siguen siendo compartidos. Tampoco es casualidad que el Mono tenga esa mirada humana, es una persona conectada con el destino que cree que todo debe pasar por algo, y que la suerte la genera uno mismo según sus necesidades y su actitud frente a la vida. Intenta marcarle esa impronta en el camino de los chicos, mostrándoles la importancia de los valores y el respeto frente a la vida, que en ocasiones escasean voluntaria o involuntariamente en las casas .

En todo momento remarca lo esencial, que es delegar, delegar responsabilidades, como a los mas grandes del grupo que son su mano derecha incondicional. Disfrutan de este pequeño escape de la realidad, un pequeño estimulo para obviar los errores de los mas grandes que deberían ser sus referentes, saben que encontraron un lugar de contención, como también el Mono encontró su cable a tierra, como quien practica algún deporte o hace yoga para descontracturarse.
En el barrio todos lo felicitan por tomar la iniciativa, otros tímidamente intentan colaborar con la tarea y alguno ofreció libros y alguna que otra cosa para colaborar con el proyecto. El problema es que no tienen el lugar para poder hacer todo eso o llevar adelante todo lo que quiere hacer.
La utilización de eufemismos para atenuar las dolencias de la marginalidad en los mas vulnerables de los barrios, desacreditaría  la esperanza que deposita en ellos. Y los chicos, lo entienden así, y se pusieron como meta no repetir los pasos y cambiar la realidad del barrio.