Por Jorge Dimuro – “La Voz del Jubilado” Cada vez que un jubilado o jubilada necesita una respuesta y no la obtiene, la reacción es casi inmediata y comprensible:“Este PAMI no sirve”, “no responde”, “no da soluciones”. La bronca es legítima. El cansancio también. Pero es necesario hacer una aclaración fundamental, porque si no, seguimos señalando al lugar equivocado.El PAMI no es el problema. El PAMI es la obra social más grande de Sudamérica y una de las más importantes del mundo. Es una institución que, por estructura, recursos y alcance, está plenamente capacitada para brindar atención médica integral, medicamentos, tratamientos, prevención, rehabilitación y cuidado permanente a jubilados y pensionados.Cuando el PAMI funciona, demuestra que puede hacerlo bien.Cuando falla, no es por falta de herramientas, sino por decisiones políticas mal-tomadas, conducciones irresponsables y funcionarios que no están a la altura de la enorme responsabilidad que se les confió. Durante años, el PAMI fue utilizado como botín político, como refugio de amigos, militantes o intereses partidarios.Se lo administró muchas veces sin conocimiento técnico, sin sensibilidad social y, lo que es más grave, sin respeto por la vida y la dignidad de nuestros mayores. Así fue como se lo convirtió, en demasiadas ocasiones, en un espacio atravesado por la ineficiencia, la desidia, la corrupción y los negocios ajenos a las verdaderas necesidades de los jubilados. Y cada una de esas malas gestiones se paga con turnos que no llegan, medicamentos que faltan, tratamientos que se demoran y angustia acumulada en quienes ya han trabajado toda una vida. Por eso es fundamental decirlo con todas las letras:defender al PAMI no es defender a sus funcionarios, es defender una institución que nos pertenece y que debe estar al servicio de quienes la sostienen.Hoy más que nunca, debemos cuidar al PAMI, pero también exigir que se vayan quienes lo vacían desde adentro: corruptos, inoperantes e inescrupulosos que solo ven un negocio donde debería haber derechos.El PAMI debe ser conducido por personas idóneas, con vocación de servicio, con control social y con una prioridad clara: la salud y la dignidad de los adultos mayores. Porque los verdaderos dueños del PAMI no son los gobiernos de turno, ni los funcionarios pasajeros:son los jubilados, las jubiladas y los trabajadores activos que lo sostienen con su esfuerzo de toda una vida.Es hora de levantar la voz, de organizarnos y de reclamar con firmeza la urgente y definitiva normalización del PAMI, para que vuelva a cumplir el rol para el cual fue creado: cuidar, proteger y respetar a quienes ya dieron todo por este país.