Por Luis Gotte – la trinchera bonaerense

El peronismo nació como un grito de dignidad, como la irrupción de los invisibilizados en la historia oficial. Fue la voz de los trabajadores, de los humildes, de los que nunca habían sido escuchados. Fue la construcción de una comunidad organizada que se animó a desafiar a los poderosos y a escribir su propio destino. Sin embargo, hoy nos encontramos frente a un espejo que nos devuelve una imagen difusa, fragmentada, debilitada. Nos estamos desconociendo.

Nos estamos desconociendo cuando aceptamos que la política se reduzca a un juego de cargos y roscas, olvidando que nuestra razón de ser es la justicia social. Nos estamos desconociendo cuando dejamos que la indiferencia gane terreno en nuestros barrios, cuando la militancia se convierte en rutina y no en pasión. Nos estamos desconociendo cuando permitimos que el poder económico y mediático nos dicte la agenda, en lugar de imponer la voz de nuestro pueblo.

El peronismo no puede ser un museo de consignas ni un archivo de gestas pasadas. El peronismo es movimiento, es rebeldía, es la capacidad de reinventarse sin perder su raíz. Y esa raíz está en la comunidad, en la solidaridad, en la convicción de que nadie se salva solo. Si olvidamos eso, si nos resignamos a ser espectadores de nuestra propia decadencia, entonces habremos traicionado la memoria de quienes dieron todo por esta causa.

Este es un llamado a la reflexión para cada militante, para cada compañero y compañera que alguna vez levantó las banderas del justicialismo. No podemos seguir desconociéndonos. No podemos aceptar que la apatía nos venza. Es hora de recuperar la mística, de volver a caminar las calles, de escuchar al subsuelo de la Patria, de sentir el dolor de la juventud que reclama futuro. Es hora de recordar que el peronismo no nació para obedecer, sino para transformar.

La rebeldía contra lo establecido no es un gesto romántico: es la esencia misma de nuestra identidad. Nos toca volver a ser incómodos, volver a ser peligrosos para los que mandan, volver a ser esperanza para los que sufren. Nos toca reconocernos en el otro, en la comunidad, en la historia que nos reclama coherencia y coraje.

Porque si nos seguimos desconociendo, el peronismo se convertirá en una sombra. Pero si nos reconocemos, si volvemos a ser lo que somos, entonces el peronismo será nuevamente fuego, será nuevamente pueblo, será nuevamente futuro.