Los gremios industriales endurecen su postura y exigen medidas de fuerza inmediatas. Abel Furlán cuestionó las negociaciones de gobernadores con el Gobierno y advirtió que los derechos laborales no pueden ser moneda de cambio.
A pocas semanas de que el Congreso trate la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, los sindicatos del sector industrial intensificaron la presión sobre la conducción de la CGT para que convoque a un paro general antes de que el proyecto sea votado. El objetivo es claro: frenar una iniciativa que consideran regresiva y perjudicial para los trabajadores.
La fecha clave es el 11 de febrero, cuando el oficialismo prevé discutir la reforma en sesiones extraordinarias. En ese marco, los gremios industriales convocaron a un encuentro para definir un plan de acción que incluya medidas de fuerza y una movilización. Desde este espacio, sostienen que ya no hay margen para el diálogo y reclaman a la CGT “más acción y menos negociación”.
El secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Abel Furlán, se ubicó al frente de este reclamo. El dirigente cuestionó con dureza a los gobernadores que, según denunció, estarían negociando su respaldo al proyecto a cambio de fondos y obras. En ese sentido, afirmó que se están intercambiando derechos laborales por promesas de infraestructura, una práctica que consideró inadmisible.
Furlán sostuvo que el paro debe realizarse antes de que la ley sea aprobada, para evitar discutir medidas cuando el daño ya esté consumado. A su entender, la estrategia de esperar y dialogar no ha dado resultados y solo favorece el avance del oficialismo en el Congreso.
Si bien dentro de la CGT existe consenso en que la reforma laboral implica un retroceso, las diferencias aparecen a la hora de definir cómo enfrentarla. La cúpula cegetista apuesta a las conversaciones con gobernadores y legisladores, e incluso analiza una eventual judicialización. En cambio, los gremios industriales consideran que el Gobierno cerró todas las instancias de negociación y que la única herramienta efectiva es la huelga.
El titular de la UOM puso como ejemplo el impacto que tendría la reforma en su sector: la caída de la ultraactividad obligaría a renegociar miles de convenios colectivos, dejando a los trabajadores de pequeñas y medianas empresas en una situación de extrema vulnerabilidad.
Mientras tanto, otros sectores sindicales, como los gremios del transporte, aún no definieron su postura y se muestran reticentes a acompañar las medidas impulsadas por los industriales. Aun así, el reclamo hacia la CGT se mantiene firme: actuar ahora y no después.