La central obrera, junto a organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos, se movilizó contra la reforma laboral impulsada por el gobierno. Los discursos de sus dirigentes marcaron el inicio de un plan de lucha que podría desembocar en una medida de fuerza nacional.
Miles de trabajadores y trabajadoras se congregaron en Plaza de Mayo bajo un sol abrasador que superaba los 34 grados. Desde el mediodía, columnas sindicales provenientes del conurbano y de distintas provincias se sumaron a la convocatoria, que se transformó en una demostración masiva de rechazo a la reforma laboral.
El escenario, ubicado de espaldas a la Casa Rosada, fue ocupado por el nuevo triunvirato de la CGT, acompañado por referentes del peronismo, la izquierda, organismos de derechos humanos y agrupaciones sociales. La presencia multitudinaria desmintió las especulaciones oficiales que minimizaban la convocatoria.
Octavio Argüello, dirigente camionero, abrió los discursos con un mensaje contundente: “Venimos a decirle rotundamente no a cualquier reforma laboral entreguista. Si no nos escuchan, vamos a un paro nacional”. Cristian Jerónimo, del gremio del vidrio, denunció que el proyecto favorece a las grandes corporaciones y recordó el cierre de miles de pymes en los últimos años. Jorge Sola, del sindicato del seguro, cerró con una advertencia: “Este es el primer paso. Sigan sin escucharnos y terminaremos en un paro nacional en todo el país”.
La movilización coincidió con el retroceso del oficialismo, que decidió postergar el debate de la reforma laboral en el Senado para febrero. El fracaso en la discusión del Presupuesto 2026 en Diputados, donde se rechazaron artículos clave sobre discapacidad y financiamiento universitario, fue otro golpe para el gobierno.
La jornada dejó en claro que el sindicalismo y las organizaciones sociales no están dispuestas a ceder derechos. La CGT celebró haber frenado, al menos por ahora, el avance de una iniciativa que consideran regresiva y dañina para los trabajadores.

