Hoy, 28 de agosto, se celebra el Día de San Agustín, uno de los grandes pensadores y santos de la Iglesia, cuya vida estuvo marcada por la búsqueda de sentido, la lucha contra las dudas y, sobre todo, la capacidad de transformar la oscuridad en esperanza.

En un país atravesado por dificultades económicas, sociales y políticas, su mensaje adquiere una fuerza particular. San Agustín nos recuerda que aun en medio de la incertidumbre siempre existe la posibilidad de renacer, de reencontrar la fe y de reconstruir lo perdido.

Su enseñanza, tan vigente hoy, nos invita a reflexionar: volver a creer no es solamente un acto de fe religiosa, sino también un compromiso humano y social. Es recuperar la confianza en nosotros mismos, en el otro, en la comunidad y en la posibilidad de un futuro mejor para todos.

San Agustín supo atravesar el desencanto y las contradicciones de su tiempo, pero también tuvo la valentía de levantarse y transformar su vida. Ese ejemplo inspira a los argentinos en este presente complejo, donde muchas veces parece que la esperanza se apaga.

Que este 28 de agosto no sea solo una fecha en el calendario, sino una oportunidad para recordar que, como enseñaba San Agustín, “la esperanza tiene dos hijas: la indignación y el coraje; la indignación para no aceptar la realidad tal como es, y el coraje para cambiarla”.

En la Argentina de hoy, el desafío es ese: no resignarse, volver a creer y animarse a construir juntos un mañana distinto.