Entre 1830 y 1870 surgen dos estéticas literarias que tratan de describirnos objetivamente la realidad, la del nuevo capitalismo: industrialista y financiero. Ellas nos fueron anticipando la situación de la clase trabajadora europea. Estos movimientos, el REALISMO y el NATURALISMO, observaban los aspectos cotidianos que brindaba la vida de la época. Entre los primeros tenemos a Honorato de Balzac y Emile Zola entre los segundos.
Estas dos líneas literarias van a influir fuertemente en el espíritu del marxismo, en las distintas revoluciones europeas y en la organización obrera, los sindicatos. Sus escritores, de alguna manera, anunciaban los cambios políticos y sociales por venir.
En la América Hispana tuvo características propias, se les dio la representación de costumbrista, gauchesca y localista. El más destacado, como polémico a la vez, de nuestros escritores naturalistas, fue Eugenio Cambaceres quien describe los problemas que surgían con la llegada de los inmigrantes europeos a la Argentina y los cambios sociales de la época, criticando a la oligarquía y su doble moral. Dirá Benito Lugones “es posible que se diga que el ‘olor a pueblo’ de las novelas naturalistas es demasiado nauseabundo. Tanto mejor: seremos como el cirujano que revuelve su mano en la inmundicia de la carne putrefacta y se inclina sobre la úlcera pestífera para estudiarlas profundamente”.
Como puede inferirse, eran tiempos de grandes polémicas, de prolifera imaginación y ávida escritura. Donde se leía, se soñaba, se trataba de comprender el presente y sospechar el futuro. Todo lo contrario de nuestra realidad, donde se lee y escribe muy poquito. Nuestra realidad, en tiempo presente, es descripta por Netflix; y el futuro es imaginado por…Netflix.
En 2015 esta plataforma ya nos advertía sobre el mundo pandémico. Crisis y caos. En 2018 el conflicto en la Europa eslava se anunciaban en varias de sus mejores series; recientemente nos evidencia la concentración de las semillas de cultivo por grandes monopolios como Bayer-Monsanto. Y, ahorita mismo, nos advierte de la pandemia del narcotráfico, desde la gran diversidad de series que está emitiendo.
Sin entrar en las temáticas específicas de cada una de los diferentes capítulos, hay algunas frases que actúan como común denominador entre los mismas: “hemos eliminado al monstruo, ya crearemos otros”, “desarticulamos las grandes redes de tráfico, la DEA asumirá el papel”; “todos cobran con la droga, policías corruptos, jueces, fiscales, políticos, periodistas, menos los policías honestos que no cobramos el sueldo en tiempo…”. Otro punto, en estas series, es convencernos que la responsabilidad del tráfico de drogas se debe a la pobreza existente es estos países, debido a gobiernos populistas y golpes de estado. Nunca, los Estados Unidos británicos, asumirán su responsabilidad en destruir toda la infraestructura industrial, tecnológica y científica en cada una de nuestras patrias con los golpes de estado que financiaron. Situación que nos llevó a esta desesperante pobreza y que derivó en millones de hermanos hispanoamericanos tengan que sobrevivir con ayuda del narco.
Netflix no nos ofrece soluciones a este problema de la América Hispana, tampoco sus series terminan con final feliz. Nos avisa que esto continuará…
Luis GotteLa pequeña trinchera