En nuestra sección especial «Argentinos que todos debemos conocer», queremos recordar a Gustavo Délfor González Sass, quien falleció éste lunes 17 de enero.
El TC (RE) Gustavo Délfor González Sass, quien se desempeñara como oficial del RI 1 “Patricios” a comienzo de los años `70, primero en la Compañía D “Suipacha”, y a partir de diciembre de 1972 en la Compañía Comando “Independencia”.

En la imagen se puede observar a Gustavo Délfor González Sass vestido con su uniforme
Fue también Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 35, de la localidad de Río Turbio (Santa Cruz) y con posterioridad Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, con asiento en La Tablada (Buenos Aires). Aquí tuvo por asistente al soldado conscripto Tadeo Taddia, primera víctima de los asaltantes del MTP que el 23 de enero de 1989 coparon la unidad militar a sangre y fuego.
Había nacido el 4 de febrero de 1946 y egresó como subteniente con la promoción 96 del CMN.
Su amor por el campo le venía de sus antepasados paternos nacidos en la localidad bonaerense de Azul.

En el centro del lado derecho González Sass
En diversas charlas llenas de amenidad y recuerdos, solía manifestar que “mi abuelo fue jefe de la cuadrilla de carretas de Azul”, por lo mismo, una persona muy respetada de la zona.
Asimismo, incursionó en la política como Intendente de Yapeyú, provincia de Corrientes, entre los años 1968 y 1969, y con la misma investidura en El Calafate, provincia de Santa Cruz, durante el bienio 1983 y 1984.
Sobre su experiencia en el primero de los destinos, lo hizo con 21 años de edad en medio de una geografía que “solamente tenía 4 viviendas”, según él mismo expresara..

Junto al micrófono González Sass
Fue presidente de la Asociación Patricios de Vuelta de Obligado desde sus comienzos en 2008 hasta 2014.
González Sass se caracterizaba por tener una impronta llena de optimismo, corrección y patriotismo, la cual era acompañada de una elocuencia verbal que, para quienes lo habían tenido como oficial en las diversas unidades militares del Ejército, infundía respeto y abnegación. Tuvo siempre voz de mando, pero era el primero en dar el ejemplo ante cualquier prueba de destreza física y militar que se presentaba en el que hacer cotidiano de todo conscripto o “colimba”. Por eso, ya retirado de la milicia, y hasta el final de sus días, mantuvo asiduo contacto con aquellos que, habiendo sentido su rigor, admiraron por sobre todo la brava demostración de sus actos y la amistad cultivada tras los uniformes, las botas y los códigos de guerra. Que en Paz Descanse.