Los vecinos del Barrio Uno muy cerca de Ciudad Evita encontraron una buena razón para celebrar puertas adentro en tiempos de pandemia: Abel Visconti –una de las voces legendarias del dúo Los Visconti- acaba de grabar un disco a sus 88 años.

“En el Barrio Uno pasé cuatro años de tranquilidad y sólo conocí buena gente. Cada vez que vuelvo, los que me reconocen me saludan ‘¡fuerza Abelito!’, la frase que utilizaba mi hermano Víctor cada vez que subíamos a un escenario”, señalo Abel Visconti a Clarín.

El disco es una suerte de homenaje de Abel Visconti a su hermano fallecido en 2005, al que se acoplan las voces de Juan Carlos Saravia (en Zamba de mi esperanza), El Chaqueño Palavecino (en el vals Andate), Tormenta (en Las llaves de mi alma y Héctor Corvalán (en La reina de las villas), entre otras figuras de renombre. El material también refleja las voces superpuestas de Abel y su hermano Roberto (en Nieve), su hijo Daniel (en Lágrimas de amor), su sobrino Aníbal (A Villa Mitre) y su hermana Blanca (La sombra de un adiós).

“Con Víctor alcanzamos mucho más de lo que soñábamos en nuestras primeras presentaciones en los varietés de Bahía Blanca y, después, en La Querencia y las cantinas del Abasto, en Buenos Aires”, reconoce.

La suerte a favor del Dúo Los Visconti se encaminó definitivamente a partir de su debut en el Festival de Cosquín 1974, donde fueron reconocidos con el premio “Revelación”. Después de ese mojón fundamental fueron detectados por el oído sensible de Ariel Ramírez.

“Hicimos giras por todo el continente –desde la Patagonia hasta Canadá- y ganamos una gran popularidad, compartimos escenario con Ángel Vargas, Hugo del Carril y Azucena Maizani, entre otros consagrados, y hemos recibido discos de Oro y de Platino, bandejas y el Jazmín de Oro de Cosquín”, señala Abel Visconti despojado de toda vanidad.

Un proyecto para erigir el Monumento a Los Visconti lleva años de espera en Bahía Blanca, pero Abel no tiene apuro. “Por ahora que no cuenten conmigo. Para eso hay tiempo”, se desentiende el cantor todavía vigente, que prefiere volver a calzarse las botas negras, bombachas, poncho y pañuelo al cuello, afinar la voz y la guitarra y estirar la leyenda –con su colega Abel Maza como fiel escudero- hasta el último suspiro.

Fuente: Clarín