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TODO UN PALO

Por Melisa Maciel – La vulgaridad obscena del discurso de Milei demuestra varias cosas a saber: primeramente Maquiavelo no murió. El equipo de Milei sigue re-utilizando la imagen del “león”, haciendo énfasis en los signos de violencia simbólica estatal tras gritos y gestos eufóricos, mostrándose viril como imagen de “hombre fuerte”, poniendo de manifiesto el vetusto estereotipo de una masculinidad dominante que se adquiere por imposición y humillación al “otro”.

El “divide y reinarás” sigue más latente que nunca, en una construcción de “un enemigo” que sirva (en este caso interno) para depositar todos los males que existen en esta sociedad y así colocar una figura que sirva como chivo expiatorio. La represión hacia este sector es coacción social a lo Durkheim, necesaria para el equipo de Milei, pieza fundamental para llegar a la cohesión social; es decir, que la sociedad tome partido a favor de su lineamiento. De no ser así, no sos parte de la “gente de bien”; por eso se te puede reprimir simbólica y físicamente, porque está legitimada por el Leviatán.

Por eso los trolles y los aplaudidores seriales del bufón siguen la línea del ABC de la sociología de un personaje ya hecho y estudiado, es decir, “el futuro llegó hace rato”.

Pero vayamos a lo más concreto. Aunque Milei grite eufóricamente “El Estado soy yo” y aunque ejecute el “Derecho divino del uso y abuso de la represión” (a lo Weber) hacia el pueblo, este gobierno mantiene su poder a través de la red de connivencia entre los senadores y diputados de la UCR y el PJ, los gobernadores (a los cuales el RIGGI les abrió las puertas a acrecentar las arcas personales por la habilitación de la explotación de cada recurso natural como si fuera la casa propia) y la bendita CGT, que en vez de convocar a paro y movilización con plan de lucha el día viernes pasado, cuando se trató la Reforma Laboral esclavista, lo hacen el día lunes a Tribunales con el hecho consumado, dándole muestras evidentes de gobernabilidad a Milei y a los empresarios que lo apoyan (que justamente son los que tienen negocios en la explotación de la megaminería, los señores del campo, los hidrocarburos y la “bicicleta financiera”).

Lo vulgar de lo visto anoche fue de tal magnitud que dio cátedra de la crisis de esta pseudo democracia. El presidente grita una realidad que no existe, como si sus alaridos significaran obediencia real ante, por ejemplo, los trabajadores de FATE. ¿Por qué Milei no camina solo en una planta obrera? ¿Será porque tiene miedo del pueblo que dice que lo apoya? Si el pueblo lo apoya, ¿por qué necesita siempre imponer miedo por la fuerza, ya sea gritando, a través del aparato represivo o mostrando la foto con Trump?

Ayer el Rey demostró estar desnudo ante el pueblo. No basta con tono serio y formal —autoritario— exponer: “Sabemos que estas transformaciones incomodan a quienes vivieron de los privilegios. A la casta política que durante años utilizó el poder para enriquecerse. A los sectores que se beneficiaron de un sistema diseñado para sostener privilegios y no para generar prosperidad”, cuando la casta terminó siendo el pueblo pobre y esos privilegios ahora se sabe que eran derechos adquiridos por las y los trabajadores.

Ya nadie cree en este cuento de terror, porque más de 20 mil fábricas cerraron (fuente SRT) sus puertas y creció la desocupación y la informalidad de forma exponencial, mientras los planes sociales aumentan. Milei, ya nadie parece escuchar tu remera. Las encuestas lo vienen demostrando.

Es decir, aunque Milei exponga: “Hemos alcanzado el equilibrio fiscal, reducido el gasto público y comenzado a desmontar la maquinaria de privilegios que convirtió al Estado en una herramienta de saqueo contra los argentinos de bien”, todos sabemos que ese “gasto público” es el recorte a los jubilados, a la salud y a la educación. Que los impuestos el pueblo los paga religiosamente, pero que la gran mayoría de esos ingresos al Estado se va para pagar al FMI y sostener la maquinaria estatal de sus funcionarios y sus amigos empresarios con su corte de dipu/pseudo actrices y demás cotolengo.

Lo que queda claro es que necesita de la polarización mediática, la represión en las calles, un Congreso de aplaudidores, políticos y sindicalistas amigos para que “ese perro siga allí” (con el perdón de los perros).

El otro factor que muestra debilidad es el de una oposición que hace gestos sacados de películas para adolescentes, como Grabois, que siendo dirigente de gran parte de la población que no llega a la canasta básica y está hoy más empobrecida —con expectativas de estar cada día peor—, necesita esfuerzos mayores para coordinar las luchas y hacerle frente al capital, seguramente mucho más que una seña en el Congreso o, en todo caso, dejar de jugar a las miradas con la hermana del presidente. Con esas expresiones de “lucha” el pueblo no llena la heladera ni disfruta de vacaciones mientras las cooperativas se siguen cerrando; es decir, no se llama a un gato “silbando”. Ya estamos grandes y la situación política, social y económica es muy grave.

Particularmente, analizando este escenario, siento que “algo me late y no es mi corazón”. Son las calles y ese movimiento obrero/estudiantil que no se arrodilla ante el hecho consumado; esos millones que “van en trenes” y que, sin lugar a dudas, en estos momentos de incertidumbre y frustración sienten ese “no tengo a dónde ir”. En ese principio del ritmo eterno reconocerán a la Historia tal cual se presenta, la tomarán y combatirán estos vejámenes humanitarios con los puños; se encontrarán como los millones que se organizaron y derrocaron a las dictaduras en Argentina y en toda América Latina.

¿Cómo no sentirme así? Sumamente moralizada.

 

Melisa Maciel

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