La difusión de un video que muestra la apertura de cajas con rifles semiautomáticos AR-15, AR-10 y M1A Socom 16 en una armería de Buenos Aires volvió a encender el debate sobre la política de armas en la Argentina. Las imágenes confirmaron lo que desde diciembre de 2025 circulaba en ámbitos de coleccionistas: la importación y venta al público civil de rifles de diseño militar, vedados desde los años noventa, ya es una realidad.
Para el dirigente político Miguel Saredi, el fenómeno no puede analizarse aisladamente. “La verdad es que así como la locura del uso de armas por parte de civiles en Estados Unidos va en un sentido extremo, en la Argentina desde 2024 comenzó un giro sustancial hacia un paradigma proarmamentista”, advirtió.
El exdiputado nacional enumeró una serie de medidas adoptadas en los últimos dos años: desregulación administrativa, simplificación de trámites, flexibilización de requisitos para la portación —incluso de armas de mayor poder de fuego—, reducción de controles municipales sobre comercios del rubro y reaprovechamiento de armas incautadas en lugar de su destrucción. También señaló la reforma que devolvió a la Agencia Nacional de Materiales Controlados su antigua denominación de RENAR, bajo la órbita del Ministerio de Seguridad, además de la baja de la edad mínima para ser legítimo usuario a 18 años y la autorización de armas semiautomáticas de uso militar para fines deportivos.
El espejo estadounidense
Los rifles AR-15 y sus variantes se han convertido en un símbolo de los tiroteos masivos en Estados Unidos. En la masacre de la escuela primaria de Sandy Hook Elementary School en 2012, un atacante utilizó un AR-15 para asesinar a 20 niños y seis docentes. En 2018, otro rifle del mismo tipo fue empleado en la secundaria Marjory Stoneman Douglas High School, con 17 muertos. En 2022, la tragedia se repitió en la Robb Elementary School, donde 19 niños y dos maestras fueron asesinados.
El AR-15, calibre .223/5.56 mm, puede portar cargadores de 30 municiones; el AR-10, en 7.62 mm, duplica la energía de impacto. Ambos poseen alta velocidad y capacidad de penetración, incluso a través de materiales de construcción livianos.
Seguridad o ilusión
Para Saredi, el debate no es técnico sino social. “La libre portación de armas no garantiza seguridad, solo multiplica las tragedias. La gente, por la inseguridad, cree que puede ser una solución, pero que haya cada vez más armas en manos de civiles agrega mayor mortandad y peligro”, sostuvo.
Su planteo apunta a una cuestión de fondo: si la expansión del acceso a armas de alto poder en el mercado civil constituye una respuesta efectiva frente al delito o si, por el contrario, abre la puerta a escenarios de violencia de mayor letalidad. El video que celebran algunos sectores, para otros funciona como advertencia. En esa tensión, la Argentina empieza a discutir un modelo que en Estados Unidos aún divide aguas tras décadas de tragedias.

