Tras las declaraciones del ministro de Economía sobre el precio de la ropa en el país, referentes del sector textil salieron a responder y alertaron sobre caída de producción, despidos y dificultades para sostener salarios y prestaciones sociales en un contexto de fuerte retracción del consumo y aumento de las importaciones.
Las recientes declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien afirmó que nunca compró ropa en Argentina por considerar elevados sus precios, reavivaron el debate sobre la situación de la industria textil nacional y generaron fuertes cuestionamientos desde distintos sectores productivos. En La Matanza, uno de los polos industriales más importantes del rubro, el dirigente textil Mario Ortiz calificó los dichos como “vergonzosos” y aseguró que el sector atraviesa una crisis “terrible”, marcada por la caída de la actividad y el deterioro del empleo.
Según expresó el referente, muchas fábricas trabajan actualmente con niveles mínimos de producción debido a la falta de ventas y a la incertidumbre económica. En ese sentido, señaló que numerosas empresas habían acumulado stock con la expectativa de una recuperación del mercado que finalmente no se concretó, lo que profundizó la paralización de la actividad y anticipa un escenario complejo para los próximos meses.
Las declaraciones del ministro se produjeron en un contexto de fuerte tensión entre el Gobierno y la industria textil. La polémica se amplificó porque las afirmaciones coincidieron con un escenario de apertura comercial y crecimiento de las importaciones, factores que distintos actores del sector señalan como determinantes en la pérdida de competitividad local. En los últimos meses, empresarios y cámaras industriales advirtieron que la producción nacional se encuentra en niveles históricamente bajos y que la utilización de la capacidad instalada cayó de manera significativa.
Datos de entidades sectoriales muestran la magnitud del problema: la actividad textil registró caídas interanuales superiores al 18% en algunos períodos recientes y el empleo formal del sector se redujo en miles de puestos desde fines de 2023. Además, el incremento de las importaciones —que en algunos rubros superó el 90% interanual— impactó directamente sobre la producción local y la rentabilidad de las empresas.
En ese marco, Ortiz también advirtió que la crisis ya se refleja en el mercado laboral. Según explicó, muchas empresas realizan esfuerzos para evitar despidos, aunque la continuidad de los puestos de trabajo se vuelve cada vez más difícil ante la caída de ingresos y el aumento de costos. A ello se suma el conflicto salarial, ya que —según sostuvo— las negociaciones paritarias encuentran límites que impiden acompañar el ritmo inflacionario, lo que agrava la pérdida del poder adquisitivo.
Otro punto crítico señalado por el dirigente es el impacto social de la situación. La reducción de aportes y salarios afecta directamente a las obras sociales sindicales, que enfrentan mayores dificultades para sostener prestaciones médicas y cobertura de medicamentos en un contexto de aumento de los costos de salud. Desde el sector advierten que el deterioro del sistema ya se refleja en mayores demoras y restricciones en la atención.
La controversia por las declaraciones oficiales volvió a poner en el centro del debate el futuro de la industria textil argentina, una actividad que históricamente tuvo fuerte presencia en el empleo industrial y en economías locales como La Matanza. Mientras el Gobierno sostiene la necesidad de avanzar hacia un esquema más abierto y competitivo, empresarios y trabajadores reclaman medidas que permitan sostener la producción y evitar un mayor retroceso del entramado industrial nacional.
Fuente: el1digital.com.ar

