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La Matanza defiende la memoria nacional: el sable de San Martín no es un trofeo de poder

Por Miguel Saredi

Desde el territorio donde Juan Manuel de Rosas dejó una huella histórica, se rechaza el uso político de los símbolos de la Patria y se reivindica el valor del patrimonio común.

El sable corvo del general José de San Martín no es un objeto decorativo ni una pieza para una puesta en escena oficial. Es una reliquia histórica, un símbolo de la Patria y, sobre todo, un legado político y moral que interpela directamente a nuestra historia nacional y a nuestros territorios.

Por testamento, San Martín decidió entregar su sable a Juan Manuel de Rosas, reconociendo en él a quien defendió la soberanía nacional frente a las potencias extranjeras. Ese gesto no fue casual ni menor: fue una definición histórica profunda. San Martín no eligió un uniforme ni una institución; eligió una causa. Y esa causa tiene raíces concretas en la provincia de Buenos Aires y, de manera decisiva, en La Matanza.

Juan Manuel de Rosas fue un actor central en la historia del partido de La Matanza. Desde 1818, con la adquisición de la estancia El Pino, estas tierras se convirtieron en una base política, económica y territorial clave para la construcción del poder bonaerense y federal. Aquí se organizaron milicias, se tejieron alianzas y se consolidó una forma de liderazgo profundamente ligada al territorio y al pueblo.

Museo Juan Manuel de Rosas – Virrey del Pino – La Matanza

No es casual que La Matanza haya sido escenario de la Batalla de Puente de Márquez en 1829, uno de los hitos que marcaron el ascenso definitivo de Rosas y el rumbo de las luchas políticas de la provincia de Buenos Aires. Esta no es una historia ajena ni distante: es parte constitutiva de la identidad matancera.

Esa presencia histórica sigue viva. El Museo Histórico Municipal Juan Manuel de Rosas, emplazado en la antigua estancia El Pino, y el hecho de que la Ruta Nacional Nº 3 lleve su nombre no son gestos neutros ni decorativos. Son decisiones políticas que expresan memoria, pertenencia y una tradición federal que no se resigna.

Con el paso del tiempo, los herederos de Rosas decidieron que ese sable —que les pertenecía legítimamente— debía quedar bajo custodia civil, en el Museo Histórico Nacional, para que fuera patrimonio de todos los argentinos, accesible al pueblo y no apropiado por ningún gobierno de turno. Esa decisión expresó una concepción clara del patrimonio histórico: los símbolos de la Nación no son propiedad del poder político, sino bienes colectivos que deben ser preservados con respeto institucional.

Museo Juan Manuel de Rosas – Virrey del Pino – La Matanza

Por eso, la decisión del presidente Javier Milei de retirar el sable de San Martín del Museo Histórico Nacional no es un hecho administrativo ni protocolar. Es un acto político deliberado. Es la voluntad de apropiarse de un símbolo nacional para vaciarlo de su significado histórico y ponerlo al servicio de una narrativa ideológica que desprecia la historia popular y federal.

No se trata de los Granaderos. Se trata del ejercicio del poder sin límites, del desprecio por los consensos históricos y del intento de reescribir la memoria colectiva por decreto. Cuando el Museo se negó a prestar el sable para un acto personal, la respuesta fue el desplazamiento de su director. Hoy, directamente, se llevan la pieza. Esa es la lógica.

Desde La Matanza no vamos a naturalizar este atropello. Aquí la historia no se negocia ni se acomoda según el capricho del Presidente de turno. Rosas no es una figura descartable ni manipulable: es parte de nuestra identidad política, territorial y cultural.

El sable de San Martín no pertenece al Presidente, ni a su gobierno, ni a su relato. Pertenece al pueblo argentino. Y ningún decreto puede borrar la decisión consciente del Libertador cuando eligió a Rosas como símbolo de la defensa de la soberanía nacional.

Desde La Matanza, territorio históricamente postergado pero siempre protagonista de las luchas nacionales, decimos con claridad que no aceptamos la utilización de los símbolos de la Patria como escenografía de poder ni como instrumento de revancha ideológica.

Defender el sable en el museo es defender la memoria colectiva.Defender a Rosas es defender una tradición federal.Defender nuestra historia es defender al pueblo.

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